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(castellano abajo)
 
One day, back in April 2013, I started crying.
Just like that. It was a heartbroken weeping, like something was being torn from inside me. It was somewhat more of a tantrum than mere crying, complete with hiccuping and shortness of breath. Big tears flew down my cheeks that would be the envy of any Studio Ghibli character.
The problem started when the crying didn't stop that day. I was crying non-stop for the whole next week. I wept tears as I ate, and watching a movie was just plain impossible in the middle of that flooding. I was too ashamed to go out because I couldn't control that. I think I only stopped when I fell asleep, exhausted; and even then, I used to wake up with wet cheeks.
And that wasn't even the worst. All this came with a feeling of being stuck deep down a well. Of being crap inside a black hole, narrow, deep and wet from which I would never get out. In which I would drown like a shrunken Alice in the rabbit hole. A small, worthless little thing going nowhere. I also felt certain I deserved that, that it was my punishment for having failed in life. Yes, I think that belief was the worst thing about those days.
I can't say my body hadn't given me advanced notice. I had suffered moodiness, bad temper, not feeling like seeing anybody... I thought it was because I was so tired, since I had just came out of five months of very hard work. Five months at a feverish pace, working on weekends and hardly getting any sleep.
That April day my body and mind rebelled. They couldn't take it any longer, so they made me cry a river in which I've had to learn to swim.

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Un día, en Abril de 2013, empecé a llorar.

Así, sin más. Era un llanto desconsolado, como si me arrancasen algo de dentro. Más que un llanto era lo que se llamaría un "berrinche". Con hipidos y cortes de respiración, y unos lagrimones recorriendo mi cara que serían la envidia de cualquier personaje de Estudio Ghibli.

El problema vino cuando ese llanto no paró aquel día. Durante la semana siguiente estuve llorando, sin parar. Me caían lágrimas mientras comía, ver una película era imposible en medio de aquel mar. Me daba vergüenza salir a la calle porque aquello era incontrolable. Creo que solo paraba cuando, agotada, me quedaba dormida; y aún así a veces, me despertaba con las mejillas mojadas.

Y eso no era lo peor. Aquello venía acompañado de una sensación de estar en un pozo. De ser una mierda dentro de un agujero negro, estrecho, profundo y húmedo del que no iba a salir jamás, en el que me ahogaría como una  Alicia disminuída en la madriguera del conejo. Una cosa pequeña, sin valor que iba hacia ninguna parte. Y además tenía la certeza de que me lo merecía, que era mi castigo por haber fracasado en la vida. Si, creo que ese convencimiento fué lo peor de esos días.

No puedo decir que el cuerpo no me hubiera avisado antes. Mal humor, ganas de no ver a nadie, no salir... Pensaba que era culpa del cansancio, ya que había enlazado 5 meses de duro trabajo. Cinco meses a ritmo infernal, casi sin dormir y sin fines de semana.

Aquel día de Abril mi cuerpo y mente se rebelaron. No aguantaron más. así que me hicieron llorar un río en el que he tenido que aprender a nadar.